Ene 28 2012

SAN BLAS, PRELUDIO DE LA PRIMAVERA EN LA PUEBLA DE CAZALLA.

Publicado en ACTUALIDAD,CULTURA

San Blas proclama la primavera desnuda, aún por nacer, de los almendros. Flores solitarias, en ritual, inmersas en lo verde, coronadas de jocosos azules que huyen del invierno.
Nadie recuerda ya su historia o, más bien, nadie la sabe. Aunque todos reconocen su breve nombre, su ignota santidad. Obispo armenio, no sabe por qué vinieron tan pronto las cigüeñas – o acaso ni se fueron-, ni qué misterios, amantes de la altura, transportan en sus ojos de otro espacio.
Ellas tampoco saben de su historia. De su infame martirio. Peines de hierro desgarraron su piel. Ciegos verdugos cortaron su cabeza. Las cigüeñas, antaño más raras y perdidas, frecuentan nuestros cielos y el invierno se fuga por las torres.
San Blas: tardes de sol y nubarrones fugaces. Febrero, loco, no sabe qué decir. San Blas curaba las gargantas – con pan de rosca y rosco bendito, pensamos- y los animales enfermos. Mundos redondos portan los niños. Los roscos son mandalas de la suerte que marcan el retorno por siempre de la naturaleza. Asambleas infantiles de colores y gritos, agua bendita, cándido ritual de viento alegre y alegría desnuda. Veletas hacia marzo.
Los roscos son recuerdos de niñez, de perdidos aromas en el tiempo. Sencillas manos amasando lo que nos da la tierra. Canastas por las calles.
… Y en el trasfondo el santo, las cigüeñas, la primavera -blanca de almendra- acelerada y balbuciente. Casi ninguno conocemos su historia. Aunque casi nadie la sabe, febrero la presiente.


Bendición de los roscos

SEMBLANZA DEL SANTO

Son multitud los lugares donde de un modo u otro se venera a San Blas, conocido por poseer el don de la curación milagrosa. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.
En Occidente su onomástica se celebra el 3 de febrero y en Oriente el 11. En torno a ellos, se celebran en numerosos lugares de España, Sudamérica y el mundo, novenas y misas, representaciones de milagros de San Blas, cantos, comidas, romerías, bailes, procesiones, etc.


Realizando el milagro de la espina de pescado

Las prácticas que se incluyen en estas celebraciones son múltiples y variadas. Van desde la bendición del pan y untar con aceite bendecido las gargantas, hacer subasta de panes y reparto de rosquillas, tortas, roscos anisados, roscones, bollos, y bizcochos (la repostería es un ingrediente fundamental), hasta la bendición de gargantillas, cintas de colores con la imagen del santo, anudadas al cuello para protección de la garganta. También se prenden luminarias y tradicionales hogueras a las que se da vueltas para protegerse de los dolores de garganta, se anudan cordones de algodón y pañuelos, coloreados y bendecidos, que protegen del catarro, se practica la adoración de huesos y reliquias…


San Blas, uno de los catorce santos protectores


Es el patrón del Paraguay donde le dedican una canción tradicional y popular, la “Galopera” de Mauricio Cardozo Ocampo, en ella se menciona esta fiesta en su letra:

“En un barrio de Asunción,
gente viene, gente va.
Ya está llamando el tambor,
la galopa va a empezar…
3 de Febrero llegó, el patrón señor San Blas.
Ameniza la función la “Banda de Trinidad”.

En la antigüedad era invocado como patrono de los cazadores, y la gente le tenía gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta –por ello es el patrón de los laringólogos-. Es también uno de los catorce santos protectores, venerado en muchos y diversos lugares del mundo como protector de los niños y de los locutores.

En Rusia es el patrón de los ganados. En otras naciones también se le atribuye cierto patronato sobre los mismos. Los cardadores y sombrereros lo veneraban como patrón. En el día de su fiesta se bendicen pan, vino, agua y frutos que se dan después a hombres y ganados. En muchas diócesis de Alemania, Bohemia, Suiza y también de otras naciones, se da la bendición de San Blas por medio de dos velas cruzadas que se ponen sobre la cabeza de los fieles y con ellas se toca la garganta. En Roma y otras partes se practica la unción del cuello con una candela mojada en aceite bendecido.


Icono ruso del siglo XVII, que representa a Blas de Sebaste

Nació San Blas en Sebaste, ciudad de Asia Menor (en la actual Turquía), en una familia acaudalada y perteneciente a la nobleza, en la que se educó cristianamente. Vivió entre los siglos III y IV de nuestra era. Estudió Filosofía, Ciencias Naturales y Medicina. A principios del siglo IV, cuando pensaba retirarse a una vida tranquila de oración, fue elegido Obispo de su ciudad por aclamación popular.
Era un joven médico que sentía el arte de curar como un sacerdocio y consideraba a los demás como hermanos. También era frecuente que se le acercasen animales enfermos buscando que los curase. San Blas es visto como un santo humano, bondadoso, accesible.
Con el paso del tiempo se decidió a ser sacerdote y fue elegido como Obispo de Sebaste. En toda Asia Menor se hablaba del santo como del Obispo que hacía milagros. Cuando llegó a Sebaste la persecución de Agrícola, gobernador romano de Capadocia, contra los cristianos, sus cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena, en el bosque de Argeus, y encontraron muchos de ellos esperando fuera de la cueva de san Blas. Entraron, lo encontraron en oración y lo detuvieron.
Agrícola trató sin éxito de hacerle renegar de su fe. En la prisión, Blas sanó a algunos prisioneros. Entonces el gobernador le mandó matar y fue arrojado a un lago. Pero Blas, de pie sobre la superficie (como el milagro atribuido también a Jesucristo), invitó a sus perseguidores a caminar sobre las aguas y así demostrar el poder de sus dioses. Pero todos se ahogaron. Cuando volvió a tierra, fue torturado, colgado de un poste y lacerado con rastrillos de cardar y, finalmente, decapitado (año 316). Según el Diccionario de los Santos, las Actas de este mártir carecen de consistencia histórica, pero fueron muy populares a partir del alto medievo, tanto en Oriente como en Occidente, donde llegaron a través de diversas traducciones latinas de un texto griego.
La veneración al santo oriental fue traída pronto a Europa, como muestran los relatos de los martirologios históricos del siglo diecinueve, y la recensión en latín de la leyenda de San Blas; de esta forma Blas llegó a ser uno de los santos más populares de la Edad Media. Actualmente, la razón de esa inusual veneración no ha sido aclarada todavía. Lo más probable es que un motivo fuese que, según la leyenda, fue médico y se le atribuyeron curaciones maravillosas; por ello, los fieles buscaron su ayuda e intercesión cuando estaban enfermos. Se le dedicaron iglesias y altares sin número y muchas localidades (Taranto, Ragusa, la Abadía de San Blas en el Bosque Negro, etc.) decían tener algunas de sus reliquias.


San Blas, pintado por Hans Memling en 1491

Se representa al santo con cirios entrecruzados, con mitra, que es la toca alta y apuntada con que en las grandes solemnidades se cubren la cabeza los obispos o arzobispos. También puede aparecer el rastrillo de cardar o un cerdo o un cuerno como representación de su relación con los animales.
Finalmente, no faltan tampoco los refranes en torno a este santo. “Por san Blas las cigüeñas verás, y si no las vieres: año de nieves”. Nota climatológica que hace referencia a la llegada de las cigüeñas a España, a principios de febrero (excepto en años muy fríos). «Por san Blas, hora y media más» y “En llegando San Blas, pon pan y vino en la alforja, que día no faltará”. Hace referencia a que por las fechas de su celebración, tras casi mes y medio de invierno, los días son ya más largos. “San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito” o “¡San Blas bendito, que se ahoga este angelito!”, clara apelación a las propiedades milagrosas del santo. La popularidad de su nombre queda también reflejada en el refranero: “Lo dijo Blas, punto redondo”.
Hacemos esta referencia a este santo tan próximo a nosotros, para que se vea que muchas veces nuestras tradiciones hunden sus raíces en lugares y tiempos remotos, con los que mantienen una continuidad. Ello hace que estemos a través de ellas hermanados con gente de muy diversas culturas y que mantengamos prácticas similares como sucede con nuestra celebración de San Blas. La bendición de las roscas de pan y de nuestros exquisitos roscos, que desconocemos cuándo toma forma en nuestra localidad, vista desde esta perspectiva, nos hace participar, sin saberlo muchas veces, de un ceremonial que en muy diversas formas se practica con el mismo fin en muchos pueblos y países del mundo.

FUENTES:

ROUILLARD, P. Diccionario de los santos de cada día. Ed. Oikos-Tau, Barcelona 1.989. Pág. 59.
VORÁGINE, S. DE LA. La leyenda dorada (I). Ed. Alianza, Madrid 1.995. Págs.164-167.
VV.AA. Altares Virtuales: http://www.altaresvirtuales.com/sanblas.htm
VV.AA. Enciclopedia Católica: http://ec.aciprensa.com/wiki/San_Blas
VVAA. Ecured. Enciclopedia Cubana: http://www.ecured.cu/index.php/San_Blas

SAN BLAS, PRELUDIO DE LA PRIMAVERA EN LA PUEBLA DE CAZALLA.

SAN BLAS proclama la primavera desnuda, aún por nacer, de los almendros. Flores solitarias, en ritual, inmersas en lo verde, coronadas de jocosos azules que huyen del invierno.

Nadie recuerda ya su historia o, más bien, nadie la sabe. Aunque todos reconocen su breve nombre, su ignota santidad. Obispo armenio, no sabe por qué vinieron tan pronto las cigüeñas – o acaso ni se fueron-, ni qué misterios, amantes de la altura, transportan en sus ojos de otro espacio.

Ellas tampoco saben de su historia. De su infame martirio. Peines de hierro desgarraron su piel. Ciegos verdugos cortaron su cabeza. Las cigüeñas, antaño más raras y perdidas, frecuentan nuestros cielos y el invierno se fuga por las torres.

San Blas: tardes de sol y nubarrones fugaces. Febrero, loco, no sabe qué decir. San Blas curaba las gargantas – con pan de rosca y rosco bendito, pensamos- y los animales enfermos. Mundos redondos portan los niños. Los roscos son mandalas de la suerte que marcan el retorno por siempre de la naturaleza. Asambleas infantiles de colores y gritos, agua bendita, cándido ritual de viento alegre y alegría desnuda. Veletas hacia marzo.

Los roscos son recuerdos de niñez, de perdidos aromas en el tiempo. Sencillas manos amasando lo que nos da la tierra. Canastas por las calles.

… Y en el trasfondo el santo, las cigüeñas, la primavera -blanca de almendra- acelerada y balbuciente. Casi ninguno conocemos su historia. Aunque casi nadie la sabe, febrero la presiente.

SEMBLANZA DEL SANTO

Son multitud los lugares donde de un modo u otro se venera a San Blas, conocido por poseer el don de la curación milagrosa. Salvó la vida de un niño que se ahogaba al trabársele en la garganta una espina de pescado. Este es el origen de la costumbre de bendecir las gargantas el día de su fiesta.

En Occidente su onomástica se celebra el 3 de febrero y en Oriente el 11. En torno a ellos, se celebran en numerosos lugares de España, Sudamérica y el mundo, novenas y misas, representaciones de milagros de San Blas, cantos, comidas, romerías, bailes, procesiones, etc.

Las prácticas que se incluyen en estas celebraciones son múltiples y variadas. Van desde la bendición del pan y untar con aceite bendecido las gargantas, hacer subasta de panes y reparto de rosquillas, tortas, roscos anisados, roscones, bollos, y bizcochos (la repostería es un ingrediente fundamental), hasta la bendición de gargantillas, cintas de colores con la imagen del santo, anudadas al cuello para protección de la garganta. También se prenden luminarias y tradicionales hogueras a las que se da vueltas para protegerse de los dolores de garganta, se anudan cordones de algodón y pañuelos, coloreados y bendecidos, que protegen del catarro, se practica la adoración de huesos y reliquias…

Es el patrón del Paraguay donde le dedican una canción tradicional y popular, la “Galopera” de Mauricio Cardozo Ocampo, en ella se menciona esta fiesta en su letra: “En un barrio de Asunción,

gente viene, gente va.

Ya está llamando el tambor,

la galopa va a empezar…

3 de Febrero llegó, el patrón señor San Blas.

Ameniza la función la “Banda de Trinidad”.

En la antigüedad era invocado como patrono de los cazadores, y la gente le tenía gran fe como eficaz protector contra las enfermedades de la garganta –por ello es el patrón de los laringólogos-. Es también uno de los catorce santos protectores, venerado en muchos y diversos lugares del mundo como protector de los niños y de los locutores.

En Rusia es el patrón de los ganados. En otras naciones también se le atribuye cierto patronato sobre los mismos. Los cardadores y sombrereros lo veneraban como patrón. En el día de su fiesta se bendicen pan, vino, agua y frutos que se dan después a hombres y ganados. En muchas diócesis de Alemania, Bohemia, Suiza y también de otras naciones, se da la bendición de San Blas por medio de dos velas cruzadas que se ponen sobre la cabeza de los fieles y con ellas se toca la garganta. En Roma y otras partes se practica la unción del cuello con una candela mojada en aceite bendecido.

Nació San Blas en Sebaste, ciudad de Asia Menor (en la actual Turquía), en una familia acaudalada y perteneciente a la nobleza, en la que se educó cristianamente. Vivió entre los siglos III y IV de nuestra era. Estudió Filosofía, Ciencias Naturales y Medicina. A principios del siglo IV, cuando pensaba retirarse a una vida tranquila de oración, fue elegido Obispo de su ciudad por aclamación popular.

Era un joven médico que sentía el arte de curar como un sacerdocio y consideraba a los demás como hermanos. También era frecuente que se le acercasen animales enfermos buscando que los curase. San Blas es visto como un santo humano, bondadoso, accesible.

Con el paso del tiempo se decidió a ser sacerdote y fue elegido como Obispo de Sebaste. En toda Asia Menor se hablaba del santo como del Obispo que hacía milagros. Cuando llegó a Sebaste la persecución de Agrícola, gobernador romano de Capadocia, contra los cristianos, sus cazadores fueron a buscar animales para los juegos de la arena, en el bosque de Argeus, y encontraron muchos de ellos esperando fuera de la cueva de san Blas. Entraron, lo encontraron en oración y lo detuvieron.

Agrícola trató sin éxito de hacerle renegar de su fe. En la prisión, Blas sanó a algunos prisioneros. Entonces el gobernador le mandó matar y fue arrojado a un lago. Pero Blas, de pie sobre la superficie (como el milagro atribuido también a Jesucristo), invitó a sus perseguidores a caminar sobre las aguas y así demostrar el poder de sus dioses. Pero todos se ahogaron. Cuando volvió a tierra, fue torturado, colgado de un poste y lacerado con rastrillos de cardar y, finalmente, decapitado (año 316). Según el Diccionario de los Santos, las Actas de este mártir carecen de consistencia histórica, pero fueron muy populares a partir del alto medievo, tanto en Oriente como en Occidente, donde llegaron a través de diversas traducciones latinas de un texto griego.

La veneración al santo oriental fue traída pronto a Europa, como muestran los relatos de los martirologios históricos del siglo diecinueve, y la recensión en latín de la leyenda de San Blas; de esta forma Blas llegó a ser uno de los santos más populares de la Edad Media. Actualmente, la razón de esa inusual veneración no ha sido aclarada todavía. Lo más probable es que un motivo fuese que, según la leyenda, fue médico y se le atribuyeron curaciones maravillosas; por ello, los fieles buscaron su ayuda e intercesión cuando estaban enfermos. Se le dedicaron iglesias y altares sin número y muchas localidades (Taranto, Ragusa, la Abadía de San Blas en el Bosque Negro, etc.) decían tener algunas de sus reliquias.

Se representa al santo con cirios entrecruzados, con mitra, que es la toca alta y apuntada con que en las grandes solemnidades se cubren la cabeza los obispos o arzobispos. También puede aparecer el rastrillo de cardar o un cerdo o un cuerno como representación de su relación con los animales.

Finalmente, no faltan tampoco los refranes en torno a este santo. “Por san Blas las cigüeñas verás, y si no las vieres: año de nieves”. Nota climatológica que hace referencia a la llegada de las cigüeñas a España, a principios de febrero (excepto en años muy fríos). «Por san Blas, hora y media más» y “En llegando San Blas, pon pan y vino en la alforja, que día no faltará”. Hace referencia a que por las fechas de su celebración, tras casi mes y medio de invierno, los días son ya más largos. “San Blas bendito, cúrame la garganta y el apetito” o “¡San Blas bendito, que se ahoga este angelito!, clara apelación a las propiedades milagrosas del santo. La popularidad de su nombre queda también reflejada en el refranero: “Lo dijo Blas, punto redondo”.

Hacemos esta referencia a este santo tan próximo a nosotros, para que se vea que muchas veces nuestras tradiciones hunden sus raíces en lugares y tiempos remotos, con los que mantienen una continuidad. Ello hace que estemos a través de ellas hermanados con gente de muy diversas culturas y que mantengamos prácticas similares como sucede con nuestra celebración de San Blas. La bendición de las roscas de pan y de nuestros exquisitos roscos, que desconocemos cuándo toma forma en nuestra localidad, vista desde esta perspectiva, nos hace participar, sin saberlo muchas veces, de un ceremonial que en muy diversas formas se practica con el mismo fin en muchos pueblos y países del mundo.

Fuentes del texto:

– WIKIPEDIA

– ALTARES VIRTUALES

– ENCICLOPEDIA CATÓLICA

– ECURED. ENCICLOPEDIA CUBANA

– SAN BLAS. J.P. KIRSCH
Transcrito por Janet Grayson
Traducido al español por Antonio Ramírez Climent

3 comentarios

3 comentarios en “SAN BLAS, PRELUDIO DE LA PRIMAVERA EN LA PUEBLA DE CAZALLA.”

  1. moriscoel 28 Ene 2012 a las 19:29

    Magnifico artículo y muy bien escrito.
    Enhorabuena al autor.

  2. Juanel 28 Ene 2012 a las 18:45

    Yo recuerdo de la Puebla el día de San Blas, por los llamados “Roscos de San Blas” que se llevaba por entonces a la iglesia y el cura los bendecía. Recuerdo allá por 1951-52, teniendo yo unos 7 u 8 años y ese día amaneció todo nevado y además con una nevada grande ya que por lo menos había casi 40 o 50 cm. de nieve. Lo recuerdo perfectamente porque el día anterior la señora Núñez de la calle Marchena, le había dicho a mi madre que me llegara a su casa por unos roscos para que el cura me los bendijera y menos mal que nevó, porque a mí me daba mucha vergüenza subir al altar para ese menester, así que me salvó la nieve. Yo por entonces iba a misa cada día y siempre me ponía en el último banco o primero de la entrada, porque era muy vergonzoso. Y se era tan pobre por entonces que apenas nadie, salvo los ricos tenían para poder comprar esos roscos. y de éstos, por entonces, había muy pocos. Esto que era una costumbre por entonces, veo que ahora también se sigue porque he visto a mi antiguo colega cuando era estudiante el cura de hoy, pero lo que sí que recuerdo, es que por San Antón no se bendecía a los animales en La Puebla, y hoy día no sé si tampoco.
    Lo que sí me gustaría es que investiguen si efectivamente ese día nevó por entonces, aunque yo sé que es verdad, pero no vendría mal que se recordara esa nevada, que por cierto, es muy rara de ver en la Puebla.

  3. Heidi C.el 28 Ene 2012 a las 13:50

    Muy buena labor de difusión. Así se transmite y se hace perdurar la tradición y cultura de los pueblos.
    Cuantos bonitos recuerdos llegan a la memoria.

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